Zapatero anunció la Casa del Mediterráneo para la Estación de Murcia meses después de que el Ministerio viera en ella la terminal intermodal que puede agilizar el soterramiento de las vías; el Consell advirtió en primera instancia que de eso nada, monada, y que el proyecto o se erguía en Valencia o no tenía razón de ser y el alcalde de la ciudad término no tuvo más remedio que salir a la palestra con lo tranquilote que estaba para anunciar que, de ir a algún lado, el sitio es la Serra Grossa. Se veía venir. Cuando Alperi se echa al monte es que se echa literal. Primero quiso llevar a toda costa - y coste - el Palacio de Congresos al Benacantil y, como de aquello los tribunales le dijeron que se fuera olvidando, ahora ha vuelto su mirada hacia otra de las colinas. Cuando ayer se le recordó que el partido había destinado esa cima a parque natural, el primer edil sentenció que es compatible. Lo sabemos. Aquí todo es compatible. Darle dentelladas por un tubo a la futura zona protegida para que el tranvía se abra paso; permitir que ese lugar al que ahora ha vuelto los ojos se haya convertido en un estercolero; hacer la vista gorda con la celebración de botellones que ha llevado a que algún que otro joven caiga desde una altura considerable... es la prueba inequívoca de que se trata de un lugar en el que hace tiempo que se tienen puestos los cinco sentidos para hacer de él otro de los escaparates de Alicante. También es verdad que en su día se abandonó la idea de hacer algo en la Serra Grossa porque la cantidad de propietarios lo hacía inviable. La situación contractual continúa igual, pero no importa. Podremos con todo. Les extrañará que Alperi no haya dicho que quiere llevar el auditorio a ese lugar privilegiado con el aliciente que representa hacer rabiar a Ripoll . Pero tranquilos, que esto no ha terminado.
Francisco Esquivel. INFORMACIÓN