Categoría: Opinión
3 Junio 2009
En INFORMACIÓN
Ortiz agiliza los trámites para iniciar las obras delPlan Rabasa tras el verano El urbanizador prevé la creación de 3.500 empleos y asegura que tendrá listos en tres meses los proyectos de urbanización y reparcelación
Ortiz: ´La provincia no puede prescindir de la construcción´ El empresario Enrique Ortiz hizo ayer extensivo al conjunto de la construcción provincial su alegato en defensa del controvertido Plan Rabasa: "Alicante nunca puede ni debe prescindir de la construcción porque no tenemos una alternativa para mantener el desarrollo y el crecimiento económico".
De mal en peor: Por Ramón Martín Mateo - Plataforma de Iniciativas ciudadasnas. La aprobación del Plan Rabasa supone la culminación de un periodo negro para Alicante, en el que la especulación urbanística ha primado sobre cualquier otra consideración, en que el valor de lo público ha cedido ante consideraciones fundadas en la codicia privada, poniendo a la ciudad al servicio de unos pocos. Esa dinámica, además, adopta un perfil especialmente perverso ante la crisis económica: la apuesta por la economía inmobiliaria, renunciando a una mayor diversificación en las inversiones, va a hacer que, en Alicante, la salida de esa crisis sea más .
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1 Abril 2009
Un jardín de piedra ..." La memoria que me interesa -cultural, moral y hasta políticamente- es la memoria que se proyecte hacia el futuro... musealización integral de la ciudad de la Guerra Civil y de la primera postguerra... depósitos de Campsa en las entrañas de Serra Grossa..."
La bolsa de limones y la puerta del exilio
MANUEL ALCARAZ RAMOS INFORMACIÓN. El único suceso histórico de gran relevancia acontecido en Alicante fue la finalización de la Guerra Civil. Quien quiera refutar esta opinión deberá presentar otro hecho de mayor impacto en la historia europea acontecido aquí. Si aceptáramos con tranquilidad esa circunstancia -como lo hacen otros "lugares de la memoria" relacionados con avatares bélicos- podríamos aprovechar una fuente de identidad colectiva que nos negamos. Con ella podríamos practicar discursos de convivencia, resituar nuestro devenir en la gran Historia y hasta invitar a un público cada vez más atento a las geografías impregnadas de significado. Pero, otra vez, el 70 aniversario -31 en democracia- de aquel hecho se revive sólo desde expresiones cívicas pero sin liderazgo ni proyecto institucional.
¿Por qué ahora, en los últimos años, ha crecido la memoria de la Guerra, del franquismo y del antifranquismo, de la represión y del sacrificio? Creo que coinciden tres factores principales: A) Crecimiento exponencial del conocimiento histórico, que permite fundamentar pretensiones sobre bases sólidas. B) Asentamiento de la democracia con la consecuente pérdida de miedo: no puede contraponerse memoria a democracia, pues las dos se requieren en su dimensión ética y temporal, ya que la democracia arraigó en la medida en que superó el temor a la Dictadura. C) Necesidad, en tiempos de globalización, de rescatar del olvido hechos, vivencias, nombres y rostros que sirvan de anclaje y den sentido a cuestiones que se difuminan como las mismas ideologías: la idea de justicia se asocia a identidades renacidas o reformuladas, de tal modo que la privación de las fuentes de identidad es vivida como negación de la justicia, aunque sea la identidad retrospectiva de los vencidos. Así que las reivindicaciones de remembranza de la Guerra Civil en Alicante no van a cesar: más valdría, pues, alguna respuesta razonable. Por ejemplo: la que comience por la aplicación estricta de la Ley de la Memoria Histórica.
En mi memoria familiar la Guerra Civil era un suceso omnipresente pero ambiguo. Soy hijo de derrotados empeñados en ocultar la derrota, pues el terror acabó por impregnar todo recuerdo, aunque mi padre, sargento republicano, sólo estuviera preso unas horas. Sólo un tío que volvió loco de las batallas abominaba con imprudencia de ellas, pues, al hacerlo, las nombraba, y quebrando su sigilo renovaba su locura. Por el contrario, en los recuerdos de mis padres la enfermedad y las privaciones resbalaban hacia una suerte de tiniebla agridulce -al fin y al cabo eran jóvenes y durante el conflicto se hicieron novios-. No nos empeñemos en buscar en todos los casos un rastro de fervor militante: las cosas fueron más complicadas. En esa ambigüedad de los discursos acabé por percibir mucha turbación y ningún deseo de venganza. Pero también recuerdo el relato que me puso frente a lo peor: mi madrina contaba que su padre fue al mercado un 25 de mayo a comprar limonesÉ y de él sólo encontraron la bolsa con los limones. Lo escribo y me atraviesa un escalofrío: ¿cuántos de esos inmolados en bombardeos no tendrán nunca ni el modesto recordatorio de unas palabras como estas? Pero tampoco nos obliguemos a ver en ellos la encarnación de ninguna resistencia: fueron víctimas, sólo víctimas, y no nos está permitido suponer cada una de sus convicciones. Eran víctimas, sin embargo, de un fascismo rampante que ensayó con ellas sus métodos guerreros y eso tampoco hay que negarlo. Pero, sobre todo, son víctimas inocentes: ¿por qué se les ha regateado el recuerdo? No entiendo qué diferencia hay entre estas víctimas y las del terrorismo.
Un carácter distinto tienen las personas embolsadas en el Puerto: las que pudieron huir, las que se suicidaron, las que fueron enviadas a campos de concentración, las asesinadas. La tragedia grita pidiendo comprensión. Esas personas, salvo excepciones, sí eran militantes de la defensa de la República. En ese sentido Max Aub las calificaría de la mejor gente de España. Pero, insisto, no están acogidas al estatuto de inocencia genérica que requiere de aleatoriedad en el sacrificio personal. ¿Puede ello ser razón, precisamente, para negar la conmemoración, el recuerdo agradecido? Parece que para la derecha de este país sí, pues, dicen, no hay que reabrir heridas. Pero es que las heridas permanecen abiertas o no hablaríamos de esto. No es exacto acusar a esa derecha de ser la sucesora de los que aniquilaron a los aquí refugiados. Pero, realmente, harían mucho más por cerrar las heridas si reconocieran que estos refugiados luchaban y morían por valores en los que hoy puede reconocerse nuestra democracia. Algo de lo que ninguna manera puede decirse de sus asesinos. ¿Por qué, entonces, la pretendida equidistancia? Es inquietante: que no se extrañen si se vuelven sospechosos hasta que renuncien a enarbolarla, hasta que, con los matices que quieran, no asuman también su inmolación.
Dice el historiador P. Ariés, a propósito de los monolitos a los caídos en la I Guerra Mundial, que "sin monumento a los muertos, no se puede celebrar la Victoria". Ni la derrota, apostillo. Porque algunos queremos celebrar, por fin, "nuestra" derrota, porque en ella hubo dignidad y ejemplo. Porque de aquella derrota, repito, salen las semillas de nuestra democracia. No es extraño que los defensores de la memoria, dirigidos aquí por la Comisión Cívica para la Recuperación de la Memoria Histórica, que merece todo el agradecimiento de los demócratas, estén solicitando monumentos: en el Puerto, en el Campo de los Almendros, en el Mercado. Sí: necesitamos hitos materiales a los que atar nuestros recuerdos, para que no se desborden. Su reivindicación ha sido, y es, un camino de obstáculos. ¿Pero no sería posible ir más allá? La memoria que me interesa -cultural, moral y hasta políticamente- es la memoria que se proyecte hacia el futuro, que sirva para hacer futuro. No en el sentido estrecho de reproducir hechos ocurridos hace 70 años: no será posible y sólo la nostalgia, compañera de la impotente, sacará provecho de algunos brindis, de algunas banderas. Prefiero usar de la memoria, obrada la justicia del recuerdo, para consolidar nuestros mismos valores democráticos en un sentido de progreso, avanzando consensos socialmente hegemónicos que puedan profundizar esa democracia, haciendo a mi ciudad más civilizada, más solidaria. Por eso me atrevo, reiterando mi apoyo a los monumentos planteados, a formular otras propuestas de "normalización de la memoria".
La primera sería la musealización integral de la ciudad de la Guerra Civil y de la primera postguerra, algo que ya se está haciendo en otros lugares. Con recorridos y visitas por refugios, vestigios de defensas, lugares de bombardeos... Un centro de interpretación debería ofrecer mapas, documentos y objetos de la vida cotidiana, junto con grabaciones musicales, películas, etc; el proyecto podría completarse con ediciones de historia oral, material de archivos o facsímiles. No debería ocultar las contradicciones inherentes a un tiempo difícil: en manos de historiadores competentes la presencia de las víctimas por la democracia acabaría teniendo un protagonismo incuestionable, aunque también se presenten otros hechos que intranquilicen -y hasta avergüencen- a los que nos sentimos herederos de los republicanos.
La segunda propuesta es más arriesgada: consiste en consagrar -he dudado en usar de esta palabra, pero, laicamente, me parece la adecuada- un espacio a los recuerdos más íntimos, a un silencio que trascienda un hecho histórico concreto -aun identificando en él su origen y justificación- y se convierta en una apelación contra toda guerra y opresión. Un posible lugar, tras una intervención a cargo de especialistas elegidos por concurso, serían los depósitos de Campsa en las entrañas de Serra Grossa: sus galerías asombrosas podrían albergar algunas salas con exposiciones o conciertos pero, sobre todo, sería un "jardín de piedra" habitado de rememoración. Y una pieza singular de arquitectura de la memoria.
La tercera iniciativa parte de la consideración dinámica de lo que ocurrió en el Puerto de Alicante: fue umbral de un inmenso exilio. Los que desde aquí partieron inauguraban un extrañamiento cruel y prolongado. Eso otorga a Alicante la calidad de símbolo: de todos los destierros originados en la Guerra Civil pero, también, si quisiéramos, de todos los destierros de la historia atormentada. Y de los actuales, que golpean a nuestra razón con cada siembra de desarraigo. Por eso sugiero un proyecto global: "Alicante: puerta del exilio", una estructura codirigida por instituciones diversas que, de manera permanente, organice acciones culturales y reflexivas para evocar y analizar exilios pasados y mostrar la solidaridad con los presentes.
Porque, al final, la gran lección irrenunciable es entender que aquellos sucesos fueron el resultado de procesos muy complejos pero, sobre todo, de la brutalidad de algunos verdugos dispuestos a convertir en víctimas a los que se alzaban en pos de una dignidad de la que casi no había memoria en sus familias, en su clase social. La pared que separa la civilización de la barbarie es muy tenue y Alicante tiene la obligación de recapacitar sobre cómo contribuir a fortalecerla, respondiendo a las voces de las raíces, imaginando cómo obrar sobre las conciencias de nuestros niños, de nuestros jóvenes, para que comprendan que nunca más una bolsa de limones puede ser el testimonio de una muerte que campaba a sus anchas por nuestras calles y nuestros cielos. Frente a esa responsabilidad no podemos seguir engañándonos con el olvido. No falta tanto para el 75 aniversario: ojalá entonces las cosas sean distintas.
Manuel Alcaraz Ramos es profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Alicante.
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28 Enero 2007
aquí mismo http://www.aventuraiberica.com. Hay de todo. No me ha gustado la opinión de un señor que desdeña la SG pq sólo hay 4 pinos y 2 alacranes. Me quedo ahí, aunque creo que tal señor no ha pisado esto nunca.
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25 Enero 2007
---Lo reproduzco con permiso de los autores. Hace ya un tiempo de esto, pero no debemos de olvidar la historia, eso nunca.---
La Serra Grossa y los políticos
RAFAEL MARTÍNEZ GARCÍA Sábado,5 de marzo de 2005
Nota de Tortuga: reproducimos a continuación el artículo de opinión de Rafael Martínez aparecido en el periódico "Información" de Alicante el pasado día 3 de marzo. Rafael es miembro de la Asociación de Vecinos de Altabix y colaborador habitual del periódico "La Veu del Barri", editado por esta Asociación.
Hace unos días este diario hacía públicos los diferentes proyectos que el Consell tenía reservados para la ciudad de Alicante. En realidad, todas las declaraciones abundaban sobre lo mismo y abordaban la regeneración paisajística de diversos espacios degradados de la ciudad, entre otros la Serra Grossa, que han proyectado transformar en un parque forestal. Lo siento, pero no me lo creo.La Serra Grossa, con sus 161 metros de altura, se yergue como una isla en medio del cemento y de las modernas vías de comunicación de la ciudad. Junto al Benacantil y al Tossal, la Serra Grossa o de San Julián constituye un hito geográfico decisivo en la configuración y desarrollo de Alicante, como así lo atestiguan la existencia en ella de yacimientos de la Edad del Bronce, la explotación histórica de áridos a que ha estado sometida en su vertiente occidental, la implantación de factorías en sus estribaciones, como «La Británica Metalúrgica» en el siglo XIX o, ya en el XX, el tendido férreo del «trenet» o la apertura de la carretera de la cantera. Lo que antaño, en definitiva, constituyó una formidable atalaya para avizorar un mar increíblemente azul y una huerta tan pródiga en frutos como en historia, sirve ahora, convertida en un basurero, para observar el desaguisado urbanístico de Alicante y, como no, para la especulación inmobiliaria y las declaraciones populistas y demagógicas.
¿Cómo vamos a creer que van a regenerar toda la zona litoral si hasta hace poco tiempo pretendían meternos un palacio de congresos en el Benacantil? ¿Cómo quieren que les creamos si son incapaces de solucionar los problemas de contaminación de la playa de la Albufereta; si han destrozado Cala Cantalar y no caben más grúas en el Cabo de las Huertas? Promesas, promesas, promesas..., la última de todas, las de la Serra Grossa.
Pero de acuerdo, vamos a creerles cuando hablan de regeneración y dicen defender el patrimonio y las señas de identidad de los alicantinos. Entonces, ¿cómo se entiende que permitan actuaciones que destruyen las torres de la huerta, como la Torre Ferrer, vendida por el Ayuntamiento a una promotora a la que se permitió edificar mientras el Consistorio miraba hacia otro lado, vulnerando la Ley de Patrimonio? El emplazamiento de este baluarte, rodeado de edificios, causaría sonrojo a cualquiera que, de verdad y sin sonrisas de cara a la galería, sintiera lo alicantino y, lo que es más importante, tuviera verdaderas ganas de trabajar por el patrimonio de la ciudad que, no lo olvidemos, es un bien de y para toda la sociedad. ¿Y qué ha ocurrido con la Torre Conde o con la Torre Plácida, por citar sólo dos casos de abuso de cemento, tanto en la construcción como en el rostro de algunos? Como sigan reduciendo el entorno de protección de estos edificios, al final terminarán estableciéndolo en la longitud de los hilos de tender la ropa de los vecinos...
Está bien, no seamos tan duros y démosles un voto de confianza. Se nos vende un nuevo Alicante donde todo va a ser distinto en el futuro. Entonces, ¿qué están construyendo en la Serra Grossa, frente a la Isleta? ¿Serán las primeras obras del proyectado parque forestal? ¡No! Se trata de un hotel, metido con calzador justo encima de un lavadero de coches y en un enclave donde el ruido del tráfico lo ahoga todo. Estupendo. Hablan de saturación urbanística y se van a cargar más de 5.000 metros cuadrados en las faldas de la sierra para levantar un hotel de cuatro estrellas, con sus salidas de humos, sus zonas de aparcamiento, su trasiego de gente...
Es posible que haya muchas personas que, como yo, desconozcan cómo se conjugan las promesas de regeneración de la Serra Grossa con la construcción en ella de un hotel de lujo, por eso el conseller Blasco nos lo explicaba el otro día, según podíamos leer en este mismo diario (ver INFORMACION de 21 de febrero de 2005), afirmando que iba a convertir esta sierra «en referente medioambiental del litoral», devolviéndole «el aspecto que presentaba antes de que el mar, la escasez de lluvias, el viento y la fuerte insolación provocaran un duro proceso erosivo en la zona». En fin.
Lo que el conseller Blasco no sabe -¿o sí lo sabe e intenta tomarnos el pelo?- es que la Sierra de San Julián ya era un referente medioambiental antes de que se inventara el cemento. Por esta razón, afirmar que va a convertir en referente medioambiental una sierra del Mioceno por la que ha deambulado el hombre desde la Prehistoria es absurdo. Posiblemente por un despiste, el señor Blasco continuó obviando en sus declaraciones la importancia que el elemento humano ha adquirido en la degradación de esta sierra, y no sólo olvidó mencionar la agresión que supone la construcción del hotel, sino que pasó por alto, por ejemplo, la presencia de los rascacielos a pie de costa, levantados a partir de los años sesenta del pasado siglo, factores que han degradado la sierra de forma mucho más dañina que la erosión del mar y la insolación. ¿A quién se cree que engaña? Está claro que, en realidad, la Serra Grossa les importa poco, si no es para obtener rendimiento especulativo o electoral.
Lo que queda de la Serra Grossa todavía supone un lugar de esparcimiento para los excursionistas o los corredores de fondo que trepamos hasta allí arriba los fines de semana. Algunos disfrutamos paseando por este trozo de naturaleza aislada. Nos gusta descubrir, con la llegada de la primavera, si volverán a anidar los vencejos o las collalbas; si volverán a posarse los alcaudones en las matas de espino negro; sorprendernos con la carrera del conejo y el aleteo del mirlo. A los que apreciamos este lugar y abogamos por su protección nos gustaría creer en las promesas de los políticos e imaginar el futuro parque de la Sierra de San Julián, un espacio protegido en el que se pusiera en valor su patrimonio natural y humano, pues tanto la cantera como las viejas fábricas que se instalaron en sus inmediaciones constituyen interesantes elementos fabriles que también habría que estudiar. Nos gustaría creer en las promesas de los políticos y en las propuestas que nos hacen para que esta ciudad sea cada vez mejor, pero ante tomaduras de pelo de este calibre siempre estaremos junto al sentido común y a la honestidad, denunciando la desidia y la hipocresía de que hacen gala nuestros gobernantes.
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12 Enero 2007
Ha estado bien, siempre está bien salir por la sierra. Estaban allí los de Vaersa limpiando los pinos, los frailecillos verdes y frescos, el día pacífico, las calmas de enero aburriendo el horizonte y alguna máquina amarilla mareando tierra al otro lado de la orilla. Lo que dije en su día, miedo me dan. Yo creo que algunos de esta ciudad ven un potencial en la sierra cargado de ventanales, accesos para las limusinas y un gran hotel en la cima. Las vistas lo merecen.
He hecho alguna foto. Cuelgo una pano guapa... a ver cómo estará el paisaje en un tiempo.
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27 Noviembre 2006
Lo que tengo claro es que el impulso tenía que venir de estos estamentos. La idea de GrupoAranea es fenomenal, gracias por exponerla, pero ahí hay mucha tela y tiene que materializarse de la mano de quien puede hacer proyecto, desembolso, etc. Lo que es menester es que se escuche a quien tiene algo que decir para conjuntar ideas. La que viene de la mano de la Consellería de Infraestructuras y Transportes aparece hoy en el Información (la publico a continuación). La del grupo Aranea también aparece en el información.
Lo que es también necesario es que sepan sacarle el partido que merece el agujero, la sierra y nosotros. Esto es único.
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7 Noviembre 2006
Ayer comenzaron las Jornadas del Transporte Urbano y Metropolitano en Alicante. También se inauguró la exposición "Alacant: de la diligència al TRAM" y se dio a conocer a través de un cuaderno un proyecto de revalorización de los depósitos de la Cantera.
El plan prevé rehabilitar los diferentes depósito0s para darles uso como salas de exposiciones, rocódromo, sala de proyecciones, museo, etc. En la exposición se aprecia en una maqueta cómo quedaría la zona.
El cuaderno también hace un repaso histórico de lo que fue la Británica, las siguientes instalaciones de CAMPSA, sus usos, etc.
Vale la pena echarle un vistazo. Es sólo un proyecto, pero lo que es seguro es que la zona va a cambiar radicalmente cuando esté todo acabado.
Espero que no dejen de prestarle atención al entorno natural de las sierras, que no resten un metro cuadrado de naturaleza y que piensen que tan único es tener una sierra dentro de la ciudad como unos depósitos con toda su carga patrimonial.
Hay para todos.
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27 Julio 2006
Debemos de ser bastante inconscientes. Ignoramos el valor del patrimonio que nos rodea. Aún no estamos a la altura, no tenemos el nivel ni somos responsables de quienes dependen de nosotros.
Ahora mismo, hoy, aún estamos a tiempo de hacer de Alicante una ciudad con montañas en su interior. De pocas poblaciones se puede decir esto. Contamos con espacios valiosísimos para caminar, escalar, correr, disfrutar de fauna y vegetación singular o para profundizar en su carga cultural.
He querido centrar este espacio en la Serra Grossa, por su proximidad, pero pienso también en el Monte Benacantil, Orgegia (que es un perfecto ejemplo de lo que tendría que pasarle al resto), las Lomas del Garbinet, la Sierra de Colmenares, de Sancho, Sierra de las Águilas...
En este espacio pretendo meter y meter información principalmente. Sólo conociendo se toma conciencia.
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