Categoría: Historia
1 Abril 2009
Un jardín de piedra ..." La memoria que me interesa -cultural, moral y hasta políticamente- es la memoria que se proyecte hacia el futuro... musealización integral de la ciudad de la Guerra Civil y de la primera postguerra... depósitos de Campsa en las entrañas de Serra Grossa..."
La bolsa de limones y la puerta del exilio
MANUEL ALCARAZ RAMOS INFORMACIÓN. El único suceso histórico de gran relevancia acontecido en Alicante fue la finalización de la Guerra Civil. Quien quiera refutar esta opinión deberá presentar otro hecho de mayor impacto en la historia europea acontecido aquí. Si aceptáramos con tranquilidad esa circunstancia -como lo hacen otros "lugares de la memoria" relacionados con avatares bélicos- podríamos aprovechar una fuente de identidad colectiva que nos negamos. Con ella podríamos practicar discursos de convivencia, resituar nuestro devenir en la gran Historia y hasta invitar a un público cada vez más atento a las geografías impregnadas de significado. Pero, otra vez, el 70 aniversario -31 en democracia- de aquel hecho se revive sólo desde expresiones cívicas pero sin liderazgo ni proyecto institucional.
¿Por qué ahora, en los últimos años, ha crecido la memoria de la Guerra, del franquismo y del antifranquismo, de la represión y del sacrificio? Creo que coinciden tres factores principales: A) Crecimiento exponencial del conocimiento histórico, que permite fundamentar pretensiones sobre bases sólidas. B) Asentamiento de la democracia con la consecuente pérdida de miedo: no puede contraponerse memoria a democracia, pues las dos se requieren en su dimensión ética y temporal, ya que la democracia arraigó en la medida en que superó el temor a la Dictadura. C) Necesidad, en tiempos de globalización, de rescatar del olvido hechos, vivencias, nombres y rostros que sirvan de anclaje y den sentido a cuestiones que se difuminan como las mismas ideologías: la idea de justicia se asocia a identidades renacidas o reformuladas, de tal modo que la privación de las fuentes de identidad es vivida como negación de la justicia, aunque sea la identidad retrospectiva de los vencidos. Así que las reivindicaciones de remembranza de la Guerra Civil en Alicante no van a cesar: más valdría, pues, alguna respuesta razonable. Por ejemplo: la que comience por la aplicación estricta de la Ley de la Memoria Histórica.
En mi memoria familiar la Guerra Civil era un suceso omnipresente pero ambiguo. Soy hijo de derrotados empeñados en ocultar la derrota, pues el terror acabó por impregnar todo recuerdo, aunque mi padre, sargento republicano, sólo estuviera preso unas horas. Sólo un tío que volvió loco de las batallas abominaba con imprudencia de ellas, pues, al hacerlo, las nombraba, y quebrando su sigilo renovaba su locura. Por el contrario, en los recuerdos de mis padres la enfermedad y las privaciones resbalaban hacia una suerte de tiniebla agridulce -al fin y al cabo eran jóvenes y durante el conflicto se hicieron novios-. No nos empeñemos en buscar en todos los casos un rastro de fervor militante: las cosas fueron más complicadas. En esa ambigüedad de los discursos acabé por percibir mucha turbación y ningún deseo de venganza. Pero también recuerdo el relato que me puso frente a lo peor: mi madrina contaba que su padre fue al mercado un 25 de mayo a comprar limonesÉ y de él sólo encontraron la bolsa con los limones. Lo escribo y me atraviesa un escalofrío: ¿cuántos de esos inmolados en bombardeos no tendrán nunca ni el modesto recordatorio de unas palabras como estas? Pero tampoco nos obliguemos a ver en ellos la encarnación de ninguna resistencia: fueron víctimas, sólo víctimas, y no nos está permitido suponer cada una de sus convicciones. Eran víctimas, sin embargo, de un fascismo rampante que ensayó con ellas sus métodos guerreros y eso tampoco hay que negarlo. Pero, sobre todo, son víctimas inocentes: ¿por qué se les ha regateado el recuerdo? No entiendo qué diferencia hay entre estas víctimas y las del terrorismo.
Un carácter distinto tienen las personas embolsadas en el Puerto: las que pudieron huir, las que se suicidaron, las que fueron enviadas a campos de concentración, las asesinadas. La tragedia grita pidiendo comprensión. Esas personas, salvo excepciones, sí eran militantes de la defensa de la República. En ese sentido Max Aub las calificaría de la mejor gente de España. Pero, insisto, no están acogidas al estatuto de inocencia genérica que requiere de aleatoriedad en el sacrificio personal. ¿Puede ello ser razón, precisamente, para negar la conmemoración, el recuerdo agradecido? Parece que para la derecha de este país sí, pues, dicen, no hay que reabrir heridas. Pero es que las heridas permanecen abiertas o no hablaríamos de esto. No es exacto acusar a esa derecha de ser la sucesora de los que aniquilaron a los aquí refugiados. Pero, realmente, harían mucho más por cerrar las heridas si reconocieran que estos refugiados luchaban y morían por valores en los que hoy puede reconocerse nuestra democracia. Algo de lo que ninguna manera puede decirse de sus asesinos. ¿Por qué, entonces, la pretendida equidistancia? Es inquietante: que no se extrañen si se vuelven sospechosos hasta que renuncien a enarbolarla, hasta que, con los matices que quieran, no asuman también su inmolación.
Dice el historiador P. Ariés, a propósito de los monolitos a los caídos en la I Guerra Mundial, que "sin monumento a los muertos, no se puede celebrar la Victoria". Ni la derrota, apostillo. Porque algunos queremos celebrar, por fin, "nuestra" derrota, porque en ella hubo dignidad y ejemplo. Porque de aquella derrota, repito, salen las semillas de nuestra democracia. No es extraño que los defensores de la memoria, dirigidos aquí por la Comisión Cívica para la Recuperación de la Memoria Histórica, que merece todo el agradecimiento de los demócratas, estén solicitando monumentos: en el Puerto, en el Campo de los Almendros, en el Mercado. Sí: necesitamos hitos materiales a los que atar nuestros recuerdos, para que no se desborden. Su reivindicación ha sido, y es, un camino de obstáculos. ¿Pero no sería posible ir más allá? La memoria que me interesa -cultural, moral y hasta políticamente- es la memoria que se proyecte hacia el futuro, que sirva para hacer futuro. No en el sentido estrecho de reproducir hechos ocurridos hace 70 años: no será posible y sólo la nostalgia, compañera de la impotente, sacará provecho de algunos brindis, de algunas banderas. Prefiero usar de la memoria, obrada la justicia del recuerdo, para consolidar nuestros mismos valores democráticos en un sentido de progreso, avanzando consensos socialmente hegemónicos que puedan profundizar esa democracia, haciendo a mi ciudad más civilizada, más solidaria. Por eso me atrevo, reiterando mi apoyo a los monumentos planteados, a formular otras propuestas de "normalización de la memoria".
La primera sería la musealización integral de la ciudad de la Guerra Civil y de la primera postguerra, algo que ya se está haciendo en otros lugares. Con recorridos y visitas por refugios, vestigios de defensas, lugares de bombardeos... Un centro de interpretación debería ofrecer mapas, documentos y objetos de la vida cotidiana, junto con grabaciones musicales, películas, etc; el proyecto podría completarse con ediciones de historia oral, material de archivos o facsímiles. No debería ocultar las contradicciones inherentes a un tiempo difícil: en manos de historiadores competentes la presencia de las víctimas por la democracia acabaría teniendo un protagonismo incuestionable, aunque también se presenten otros hechos que intranquilicen -y hasta avergüencen- a los que nos sentimos herederos de los republicanos.
La segunda propuesta es más arriesgada: consiste en consagrar -he dudado en usar de esta palabra, pero, laicamente, me parece la adecuada- un espacio a los recuerdos más íntimos, a un silencio que trascienda un hecho histórico concreto -aun identificando en él su origen y justificación- y se convierta en una apelación contra toda guerra y opresión. Un posible lugar, tras una intervención a cargo de especialistas elegidos por concurso, serían los depósitos de Campsa en las entrañas de Serra Grossa: sus galerías asombrosas podrían albergar algunas salas con exposiciones o conciertos pero, sobre todo, sería un "jardín de piedra" habitado de rememoración. Y una pieza singular de arquitectura de la memoria.
La tercera iniciativa parte de la consideración dinámica de lo que ocurrió en el Puerto de Alicante: fue umbral de un inmenso exilio. Los que desde aquí partieron inauguraban un extrañamiento cruel y prolongado. Eso otorga a Alicante la calidad de símbolo: de todos los destierros originados en la Guerra Civil pero, también, si quisiéramos, de todos los destierros de la historia atormentada. Y de los actuales, que golpean a nuestra razón con cada siembra de desarraigo. Por eso sugiero un proyecto global: "Alicante: puerta del exilio", una estructura codirigida por instituciones diversas que, de manera permanente, organice acciones culturales y reflexivas para evocar y analizar exilios pasados y mostrar la solidaridad con los presentes.
Porque, al final, la gran lección irrenunciable es entender que aquellos sucesos fueron el resultado de procesos muy complejos pero, sobre todo, de la brutalidad de algunos verdugos dispuestos a convertir en víctimas a los que se alzaban en pos de una dignidad de la que casi no había memoria en sus familias, en su clase social. La pared que separa la civilización de la barbarie es muy tenue y Alicante tiene la obligación de recapacitar sobre cómo contribuir a fortalecerla, respondiendo a las voces de las raíces, imaginando cómo obrar sobre las conciencias de nuestros niños, de nuestros jóvenes, para que comprendan que nunca más una bolsa de limones puede ser el testimonio de una muerte que campaba a sus anchas por nuestras calles y nuestros cielos. Frente a esa responsabilidad no podemos seguir engañándonos con el olvido. No falta tanto para el 75 aniversario: ojalá entonces las cosas sean distintas.
Manuel Alcaraz Ramos es profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Alicante.
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16 Marzo 2009
El Ente Gestor de Transportes pretende recuperar los depósitos ocultos de la Serra Grossa Son veinte enormes bóvedas excavadas en la montaña que sirvieron de refugio en la Guerra Civil
LA VERDAD
Las ciudades, como las personas, tienen memoria, que es su paisaje urbano. De lo bueno, de lo malo, las vergüenzas y sus éxitos. Y también tienen un subconsciente oculto del que apenas queda recuerdo. Algo parecido le ha ocurrido a Alicante con los depósitos de combustible excavados en el interior de la Serra Grossa en la Guerra Civil, una joya que el Ente Gestor de Transportes (GTP), aprovechando que el paso de la línea 1 obliga a reformar esta zona de la ciduad, quiere poner en valor para abrirlos al público y convertirlos en un atractivo único en España. No es una idea nueva. El director del Ente Gestor, Antonio Carbonell ya organizó en el 2006 una visita a la finca La Británica. Ahora, la Conselleria de Infraestructuras parece dispuesta a llevarla a cabo. El escenario es impresionante, y bien merece el esfuerzo. La Verdad ha recorrido de nuevo, con pausa y buenos asesores, sólo una pequeña parte de las galerías y bóvedas excavadas a martillo y barrena en plena Guerra Civil y que sirvió como elemento estratégico de defensa ante ataques aéreos para un bien primordial, como era el combustible. Cientos de metros de galerías excavadas en la roca viva, que se abren en los laterales a veinte bóvedas, ocho en las que se crearon tanques con una capacidad de 20.000 metros cúbicos y otras doce más pequeñas, para depósitos de 500 metros cúbicos. Hoy esta gran infraestructura se mantiene en buenas condiciones constructivas, a pesar de que llevan abandonadas más de 40 años, desde que en 1966 Campsa trasladara la actividad industrial desde esta parte de la ciudad a la zona sur. La decisión de tapiar las tres entradas a las galerías desde el exterior ha permitido salvaguardar, en cierta forma, la integridad del conjunto. Aunque también ha privado a los alicantinos tener conocimiento de esta factoría subterránea. Sólo tres pequeños huecos en la pared de la roca permiten entrar al recinto. Estan en la enorme explanada que se ha construido en la parada del Tram en Sangueta, en un espacio que antaño fue la refinería La Británica, abierta en 1875. Todavía se puede observar sobre la roca los cortes de barreno para las extracciones de piedra y los tejados de ladrillo a dos aguas, que formaban el complejo industrial. Detrás de lo que fueron las oficinas de la refinería se excavaron en 1937, en plena contienda, tres huecos que dan acceso al complejo interior. El plástico puesto sobre una moqueta instalada para la visita del presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, en julio del año pasado permite cubrir los restos de vías que tiempo atrás transportaban el combustible. Alguna vagoneta abandonada en un lado recuerda cúal era la función de este complejo subterráneo, ya que se desmantelaron todas las instalaciones, no se conservan depósitos ni la maquinaria que en su momento debería contener. Sí placas de hierro que marcan la circunferencia de los depósitos o tubos de extracción que se infiltran en el entramado de túneles de ventilación entre las bóvedas y la parte exterior de la Serra Grossa. En el recorrido todavía se pueden observar en las paredes declaraciones de amores juveniles y en el suelo, no con intención romántica, restos de hogueras de personas sin hogar que se encontraron este enclave. Otras historias hablan de que en la Guerra Civil servía de refugio a la población civil y que los empleados de la refinería montaban peleas de perros, como distracción o apuesta, según cuentan algunos de los empleados que allí trabajaron. Muchos alicantinos pasarían allí los días de los bombardeos o las jornadas de trabajo en una fábrica que permanece en el subconsciente de la ciudad, con voces acalladas que conocen su existencia. Mantener viva la memoria del lugar, de unas instalaciones que construyeron parte de la historia de la ciudad es revivir a todos los alicantinos.
CONSTRUCCIÓN ÚNICA EN ESPAÑA
Aunque el anteproyecto de construir una factoría protegida en la Cantera date de febrero de 1937, las obras de construcción no se detuvieron una vez finalizada la contienda, sino que se prolongaron durante las décadas de los 50 y 60. Concluirían poco tiempo antes de que se abandonase, en 1966, en una pirueta del destino por el que Alicante ha heredado una construcción única en España, que ahora puede servir de bien a la ciudad, aunque en su momento albergara intenciones defensivas. Los arquitectos y arqueólogos que han tenido la suerte de visitar el complejo todavía se felicitan del descubrimiento, y de las posibiidades que tiene para la ciudad. Los depósitos de la Cantera es la única factoría subterránea que tuvo Campsa en España. No se volvió a construir ninguna ni durante la Guerra Civil ni durante la posguerra. Sólo algunas factorías americanas como la de Loeches, Rota y El Arahal construyeron algunos depósitos enterrados en los años 50, pero no llegan, ni mucho menos, a la complejidad y a la magnitud de los almacenes que se ocultan en la Serra Grossa alicantina. Otras ciudades como Cartagena tiene excavado en la roca refugios para la Guerra Civil. Pero la factoría de Alicante es única en su tipología. Una espectacular instalación industrial excavada bajo la montaña, con grandes galerías y enormes recintos abovedados para los depósitos de gasolina, una instalación que conserva la larga tradición histórica de las arquitecturas subterráneas que desde los romanos hasta este último ejemplo se han dado.
Más en el enlace DEPÓSITOS
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8 Mayo 2008
Por Juan José Amores y Rubén Bodewig Miembros de la Asociación Cultural Alicante Vivo. Cartas de los lectores en INFORMACIÓN.
Solveig Nordstrom, «Sol» para los amigos, nos dijo hace unos meses en una entrevista que ella sólo quiso ser arqueóloga para poder tocar la tierra con sus manos.
Esta sueca de noventa y cinco años, alegre, espiritual, culta y políglota (habla catorce idiomas, entre ellos el sánscrito) decidió aterrizar un buen día en nuestra tierra «porque sabía que la historia arqueológica del Mediterráneo estaba incompleta, a pesar de que España era un país poco interesante», en clara alusión a la dictadura franquista.
Discípula de Lafuente Vidal, a quien aún considera un sabio y humilde arqueólogo, conoció al padre Belda y a Figueras Pacheco, en una época en la que la arqueología sólo estaba destinada a «la gente adinerada».
Nos contó entusiasmada lo mucho que ella había podido sacar a la luz del Tossal de Manises, del que tan sólo se había excavado una octava parte de su perímetro en 1960. Pero se entristeció al recordar lo mucho que se había destruido de nuestro valioso patrimonio cultural al comenzar la construcción masiva y despiadada en la Albufereta. Allí «los terrenos estaban vendiéndose por parcelas y sobre los mismos iban construyéndose chalés, sin que mano alguna pudiera detener esa anulación de valores que se hallaban todavía sin descubrir».
Y nos añadió Solveig, en clave algo misteriosa: «Claro, es cuestión de dinero y los arqueólogos somos pobres... ¡si yo pudiera hacer algo!». Y vaya si lo hizo.
En un día sin determinar (los periódicos nacionales de la fecha estaban atenazados por la Ley de Prensa dictada por Manuel Fraga Iribarne), cuando las excavadoras de las empresas constructoras pretendían aplanar el Tossal de Manises al grito de «destruyamos toda esta mierda», arramblando con los importantísimos restos arqueológicos depositados allí durante miles de años para construir un simple hotel, Solveig tuvo la valentía de enfrentarse a las autoridades franquistas de la época para impedirlo. Ni corta ni perezosa, se tumbó delante de las máquinas excavadoras y ante los medios de comunicación extranjeros que su amigo Jaime Pomares i Bernat había avisado, impidió con su actitud que los intereses especulativos arruinaran el santuario de las civilizaciones que por Alicante se habían establecido. Es seguro que, de no haber sido Solveig una ciudadana sueca, su actitud habría sido reprimida de forma inmediata por las autoridades. Sin embargo, todos ellos prefirieron evitar un escándalo internacional aún mayor del que ya se estaba produciendo en la Albufereta.
Después de esta paralización, Solveig consiguió que el Ministerio de Educación español comprara los terrenos sobre los que se asentaban los restos, impidiendo de este modo la desaparición de la ciudad ibero-cartaginesa-romana.
Hoy sabemos que diversos grupos y asociaciones, entre ellos la Comisión Cívica de Alicante, están peleando sin descanso para que el Ayuntamiento otorgue, al menos, el nombre de una calle a Solveig. Es lo mínimo que se merece la mujer que salvó nuestra historia con aplomo y valentía.
¡Bravo por todos ellos!
Esta mujer, que vive olvidada y casi en la pobreza en un pequeño apartamento de Benidorm, es historia viva. Es un empujón de vitalidad que nos alecciona en coraje e ilusión. Podríamos haber estado cientos de tardes preguntándole y hablando con ella sobre sus recuerdos, sobre sus pensamientos, sobre lo que ha aprendido de la vida... y nunca dejaríamos de aprender.
La ilusión con la que te recibe y se desenvuelve, te desarma y te lleva a su terreno para hacerte soñar con tiempos pasados, donde ella desenterraba e identificaba vasijas con sus propias manos.
Solveig está hecha del mismo material con el que se tejen los sueños y las ilusiones, aderezado todo con una gruesa capa de cariño y fraternidad.
Sus palabras llevan implícitas grandes dosis de humanidad y filosofía de vida, que ciertamente, le han ayudado a alcanzar casi la centuria con una sonrisa en la cara y una agilidad asombrosa.
«Sol» es, simplemente, alguien a quien siempre se debería recordar, no ya sólo por aprender de su espíritu y sus acciones, sino sobre todo, porque se merece ser eterna en nuestros recuerdos.
Juan José Amores y Rubén Bodewig
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21 Abril 2008
Juan José Amores Liza. Cartas de los lectores del Dº INFORMACIÓN.
Corre el mes de abril de 1939. Por fin ha concluido la terrible Guerra Civil. Durante toda la contienda, Alicante siempre se ha mostrado fiel a la República.
Miles de soldados, mujeres y niños se hacinan ahora en nuestro puerto. Quieren abandonar España?, pero los ansiados barcos no entran a salvarlos. Ya es tarde.
Las tropas italianas de la División Littorio, capitaneados por Ganbara, los hacen prisioneros. La bandera italiana ondeó en el Gobierno Militar de Alicante hasta que llegaron las tropas de ocupación franquista.
Entre una doble fila de militares que les apuntan con fusiles y metralletas, son conducidos al «Campo de los Almendros», a la Plaza de Toros, al cine Ideal o al Castillo de Santa Bárbara. Sí. Al Castillo de Santa Bárbara. Hoy no comienza la paz. Comienza la victoria, que durará cuarenta largos y oscuros años.
En octubre del 2003, el Ayuntamiento de Alicante publicó unos folletos hablando de la rehabilitación del Castillo. Se contaba la historia de la fortaleza; pero sorprendentemente se detenía en el siglo XIX y se reanudaba en los años 60. ¡Curioso salto en el tiempo!
Evidentemente, entre los años 36 y 60, la historia no existía para aquellos que habían hecho los folletos.
La imagen y el texto de este artículo deberían servir algún día para aclarar ideas a los que protestan por la reivindicación de la Memoria Histórica.
Estamos convencidos que los miembros de la Corporación Municipal del Partido Popular no quieren recordar lo que ocurrió.
Llevan setenta años robando trozos de historia; deseando que la sociedad alicantina padezca Alhzeimer galopante al compás de toros y pachangas populares. Pero soplan nuevos aires. Es momento de recordar todo lo ocurrido. Sin acritud. Pero sin miedo.
Yo soy uno de esos que han visitado el Castillo muchas veces a lo largo de su vida. Desde siempre he visto inscripciones como las que les enseño grabadas en el suelo de la fortaleza.
Están situadas en una de las zonas más bonitas de lugar. Irónicamente, en un mirador desde el que se divisa toda la bahía y el Puerto de Alicante.
Nadie me contó jamás qué eran o quién las había escrito. La historia reciente de Santa Bárbara estaba oculta bajo un manto de miedo y represión. Tuve que esperar a ser adulto para darme cuenta que no fueron hechas por gamberros descerebrados.
Hoy en día, por suerte, mi hijo de 7 años ya sabe parte de la historia verdadera.
Es tiempo que estamos ganando respecto a nuestros padres y abuelos.
Son los buenos aires que se avecinan. Duela a quien duela.
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19 Abril 2008
El Colegio propone un acuerdo entre las Administraciones para hacer visitable este espacio singular y alaba la integración paisajística de la obra del tranvía junto a la Serra Grossa.
CLARA R. FORNER. INFORMACIÓN
El secretario del Colegio de Arquitectos de la Comunidad Valenciana, Gabriel Ibor, planteó ayer la necesidad de un acuerdo entre las Administraciones que permita abrir al público los antiguos depósitos de la Cantera. El citado técnico formuló esta propuesta en el transcurso de una visita a la antigua refinería "La Británica" organizada con motivo de la celebración de la Semana de la Arquitectura.
Ibor destacó el "interés arqueológico e industrial" de "este espacio singular" que es propiedad del Estado, aunque ha sido la Conselleria de Infraestructuras quien ha ejecutado las obras del exterior del recinto para integrar el tranvía. Además, ha iluminado alguna de las bóvedas interiores. Concretamente, existen ocho salas centrales de mayor tamaño -hasta 34 metros de altura por 30 de ancho, aproximadamente, con capacidad para 2.000 m3- y doce más pequeñas, con capacidad para 500 m3. El representante de los arquitectos señaló que "las Administraciones deberían pactar" para abrir estas instalaciones al público y solicitó "sensatez" a la hora de conceder autorizaciones "para hacerlo visitable".
La visita de ayer, en la que participaron arquitectos, profesores y el Centro de Día Levante, se enmarca en la iniciativa del citado Colegio "de sensibilizar sobre la necesidad de recuperar este espacio único en España". Ibor recomienda "asignarle un uso cultural que respete la idea original, con exposiciones itinerantes que animen al visitante a repetir".
Inmaculada Aguilar Civera, autora de la publicación "De la refinería La Británica a la factoría La Cantera de Alicante", señaló que el Gestor de Transportes y Puertos de la Conselleria de Infraestructuras "ha limpiado la fachada y consolidado" los antiguos depósitos, además de instalar una plataforma tranviaria "muy respetuosa con el patrimonio".
Aguilar destacó la necesidad de nuevas investigaciones sobre este lugar y de contactar con antiguos trabajadores de estas instalaciones que aporten nuevos datos sobre el funcionamiento de estos antiguos depósitos de combustible.
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el 10 del 4 de 2008 en LA VERDAD
La Semana de la Arquitectura incluye una visita a los viejos depósitos de la Cantera.
Los arquitectos de la Comunidad Valenciana se han propuesto echarse a la calle para conocer qué piensan los ciudadanos de las ciudades, viviendas y edificios que les rodean y, al mismo tiempo, difundir la buena arquitectura y su función al servicio de la sociedad. Ese es el objetivo principal de la Semana de la Arquitectura 2008, que se celebrará del 14 al 26 de abril, y que incluirá visitas guiadas a lugares de interés arquitectónico y paseos teatralizados abiertos al público.
El programa de actividades, incluye también exposiciones, conferencias y presentaciones de libros en Alicante, Valencia y Castellón. Se ofrecerán varias exposiciones, entre ellas la de los Premios Mies van der Rohe, que otorga cada dos años la Unión Europea y la Fundación que lleva el nombre del padre del racionalismo arquitectónico. También se desarrollarán diversas jornadas y conferencias, con participación de arquitectos y personalidades del ámbito cultural.
Arquitectos y ciudadanos visitarán lugares de interés arquitectónico, urbano y paisajístico, como los viejos depósitos de la Cantera de Alicante, unas espectaculares instalaciones subterráneas con bóvedas de 50 metros de diámetro. La refinería de petróleo La Británica, la única de toda España construida en el subsuelo, nació en 1875 y fue absorbida por Campsa en 1929. Estos depósitos se encuentran en desuso y se han convertido en el centro de un debate social sobre su posible función como museo.
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Algunas imágenes de la visita del jueves 17 de abril:
La entrada, junto a la parada del TRAM. Todos vestidos de aficionados nucleares... Sólo para no ponernos de polvo hasta las orejas.

Los organizadores iluminaron el interior de los pasadizos. Eso y los cascos evitaron coscorrones.
Tomás mira en la oscuridad en busca del mejor plano.

Saliendo del túnel... Rollito poltergeist o M. Landon en esa que hacía del ángel de no sé qué.

Una imagen del exterior. Se aprecian restos de la infraestructura del cableado, los agujeros de los soportes de las casas, el perfil del tejado. Al fondo la Serre Grossa.
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24 Enero 2008
Arrancan el almendro en memoria de los represaliados en la Guerra Civil.
C. R. F. INFORMACIÓN. Menos de 48 horas ha durado el árbol en flor que el domingo pasado plantó la Comisión Cívica de Alicante por la Recuperación de la Memoria Histórica en recuerdo de los represaliados de la Guerra Civil. El ejemplar estaba situado en la zona verde situada entre el colegio Calasancio y la sede de Santa Ana, donde en su día se situó el Campo de los Almendros.
En el hueco donde se plantó el pequeño almendro ante la presencia de unas 300 personas, ayer sólo quedaba la hoja de una flor. Y el cartel que recordaba a las víctimas de aquel campo de concentración ayer estaba emborronado con símbolos ultraderechistas y la palabra "asesinos".
El presidente de la Plataforma de Iniciativas Ciudadanas (PIC), Manuel Alcaraz, afirma que anteayer ya se percataron de la desaparición del árbol. "Hacemos directamente responsable de este acto de incivismo al alcalde pues consideramos tan bárbaro este hecho cobarde como la denegación que él hizo dando la cara en el pleno", señaló ayer Alcaraz, quien apunta que el almendro "recordaba a quienes lucharon por la libertad y la democracia". Por ello, emplazó al alcalde a que desautorice el arranque del árbol plantando otro almendro.
En cuanto a la palabra "asesinos" pintada en el memorial, Alcaraz señala: "No lo tomamos como insulto, sino que reivindica su propia memoria histórica".
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21 Enero 2008
Un almendro para no olvidar.
Un árbol en el lugar del célebre campo de concentración reivindica el memorial a los represaliados de la Guerra Civil
+Info... INFORMACIÓN
A. TERUEL M
uchas páginas se han escrito del llamado "Campo de los Almendros", el improvisado lugar al que se llevó a los republicanos hechos prisioneros en el puerto de Alicante, cuya toma por el ejército de Franco dio por acabada la Guerra Civil española. Una de las más recientes fue el pasado mes de diciembre, cuando el Ayuntamiento de la ciudad rechazó, con el voto de todos los concejales del PP, la construcción de un memorial a los represaliados en el punto donde estuvo tan tristemente célebre campo de concentración. Un lugar en el que hasta ahora no ha existido referencia alguna a lo que allí hubo.
La Comisión Cívica de Alicante por la Recuperación de la Memoria Histórica, promotora de este monumento y que recibió con indignación la respuesta del Ayuntamiento, volvió a reivindicar ayer su causa con la plantación de un almendro que trata de simbolizar lo ocurrido en abril de 1939 y la necesidad de evitar que vuelvan a suceder hechos como aquellos. Un acto "de justicia", en palabras del presidente de la Comisión Cívica, Enrique Cerdán Tato, para reflejar "la dignidad de los republicanos que estuvieron aquí". El escritor defendió que los terrenos que ocupó el campo "son de uso público", por lo que el PP "niega una vez más la tierra a los que no piensan como ellos".
La entidad dispone de una subvención del Gobierno de 28.000 euros para la construcción del memorial que, si no se ejecuta en los próximos meses, advirtió Cerdán Tato, "se perderá". Una razón de más para calificar de "antidemocrática y vergonzosa" la actitud del equipo de gobierno. Asimismo, reiteró que el alcalde, Luis Díaz Alperi, no dio argumentos a su rechazo a la moción en la que el grupo socialista pedía la realización de este jardín-homenaje, limitándose a "decir que no con el brazo en alto, como corresponde". No obstante, insistió en que el memorial "aquí debe estar y aquí estará", a la vez que añadió que, si el almendro plantado ayer desaparece, "se pondrá otro".
El acto congregó a cerca de 300 personas, entre las que había representantes del grupo municipal socialista y de EU, Vecinos por Alicante y otras formaciones políticas, así como de la Plataforma de Iniciativas Ciudadanas, que ofreció el almendro plantado. La portavoz del PSOE, Etelvina Andreu, señaló que su moción proponía "hacer ganar patrimonio a los alicantinos". Además, mostró su repulsa hacia la actitud del PP de "negarse a dar réplica" sobre el asunto en el pleno, y consideró paradójico que Díaz Alperi sea "generoso con el pueblo armenio y mezquino con los alicantinos", en alusión al monumento erigido en memoria de su genocidio.
"Horror que no debe repetirse"
Ángel Rubio Nieto fue uno de los miles de republicanos que pasaron por el Campo de los Almendros, y que no quiso faltar a la reivindicación de ayer. En su opinión, "si el alcalde tuviera vergüenza, debería dimitir", dado que "no hay motivo para que se opongan de esta forma a un pequeño recuerdo" a la memoria de tantas personas. Pasó apenas unos días en este lugar, suficientes para describir la experiencia como "un horror que debe recordarse para que no se repita más".
A sus 94 años, lamenta que, "ante la actitud del PP, es difícil que llegue a ver el memorial". Indignación similar a la de la alcoyana Ángeles Espí, que en 1939 logró subir al barco "Stanbrook" y huir de Alicante. Para ella, es "imposible de entender que no se respete la memoria del sufrimiento y del recuerdo" de tantas personas.
En EL PAÍS: Protesta por la obstrucción de Alperi al memorial republicano.
En LA VERDAD: LA ÚLTIMA RESISTENCIA.
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4 Septiembre 2007
Se trata de la Vereda de la Playa de San Juan y afecta a la línea 2 a su paso por la Serra Grossa
La Secretaría autonómica de Territorio y Medio Ambiente, dependiente de la Conselleria de Territorio y Vivienda, ha dictado una resolución que obliga al Ente Gestos de Infraestructuras de Transporte y Puertos a respetar una vía pecuaria en el trazado de la nueva línea del Tranvía a su paso por la Serra Grossa. La advertencia no tendría más trascendencia si no fuera porque el pasado 28 de febrero, esta misma secretaría emitió la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) favorable sobre el citado proyecto ferroviario, sin que conste que existiese vereda alguna.
Según la documentación oficial, la DIA hacía expresa referencia a la ausencia de afección a las vías pecuarias catalogadas en el término municipal, según la documentación presentada por el promotor, pero tampoco en la cartografía temática disponible al respecto. Según las fuentes consultadas, se desconoce aún el alcance real que la protección de la nueva vía pecuaria provocará en el diseño del Tranvía que debe discurrir junto a la Serra Grossa antes de cruzar la avenida de Denia y adentrarse en el Bulevar del Pla.
El descubrimiento de la vereda surge en términos oficiales cuando, el pasado 17 de abril, la dirección territorial de Alicante de la Conselleria de Territorio remite un informe acerca de la Vereda de la Playa de San Juan, afectada por el Plan Especial de Protección de la Infraestructura de la Línea 2 del Tranvía de Alicante. El técnico indicaba con detalle el trazado de la vía pecuaria, que nace en El Campello y finaliza en Sangueta, tras discurrir prácticamente por la actual avenida de Denia.
Con estos datos sobre la mesa, la Secretaría autonómica considera ahora que cabe desafectar parcialmente la vía pecuaria, pero advierte de que hay que respetar una anchura mínima de unos cinco metros para permitir los usos legales compatibles o complementario de acuerdo a la Ley 3/95, de 23 de marzo, de Vías Pecuarias».
En este sentido, obliga al Ente Gestor, dependiente de la Conselleria de Infraestructuras, a tramitar un expediente para obtener la autorización de la dirección territorial de Alicante respetando la anchura de cinco metros de la mencionada vereda.
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